<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>El blog de Luis Venegas &#187; Crónica</title>
	<atom:link href="http://www.luisvenegas.com/category/urbi_et_orbi/cronica/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://www.luisvenegas.com</link>
	<description>Pues eso...</description>
	<lastBuildDate>Fri, 27 Aug 2010 18:15:23 +0000</lastBuildDate>
	<language>en</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>http://wordpress.org/?v=3.0.1</generator>
		<item>
		<title>La experiencia Avatar</title>
		<link>http://www.luisvenegas.com/2009/12/26/la-experiencia-avatar/</link>
		<comments>http://www.luisvenegas.com/2009/12/26/la-experiencia-avatar/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 26 Dec 2009 22:12:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Luis Venegas</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Noticia]]></category>
		<category><![CDATA[Urbi et Orbi]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.luisvenegas.com/2009/12/26/la-experiencia-avatar/</guid>
		<description><![CDATA[Podemos ver Avatar desde diferentes ópticas. Podríamos decir que es una historia de amor. También podría ser considerada como una reivindicación hippie-ambientalista-comunista. O como un &#8220;remake&#8221; de Danza con lobos y otras cintas donde un extraño termina siendo parte de la comunidad (en realidad es el Salvador o al menos el defensor de esa cultura). [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Podemos ver Avatar desde diferentes ópticas. Podríamos decir que es una historia de amor. También podría ser considerada como una reivindicación hippie-ambientalista-comunista. O como un &#8220;remake&#8221; de Danza con lobos y otras cintas donde un extraño termina siendo parte de la comunidad (en realidad es el Salvador o al menos el defensor de esa cultura). Habrá quien diga, cómo no, que es un producto carísimo del imperialismo yanqui. Pero propongo una más: Avatar como la reinvidicación del cine de ser esa pantalla mágica, que nos traslada a otra realidad. </p>
<p>Y es que, desde su origen, eso es el cine, la literatura, la pintura y el arte: un bello escape de la realidad. Avatar provoca eso. Tiene la capacidad de hacernos olvidar la historia cursi de amor que contiene, de olvidar el recurso fácil de &#8220;los efectos especiales&#8221;, del discurso salvemos la Tierra, viva lo multicultural, todos somos hermanos. La cinta se separa de eso para lograr lo que solo hacen los clásicos: nos dice que otra realidad, que otro mundo es posible y que existe. Ahí está, frente a nosotros. Es una experiencia que no logra ni el más caro home theatre con Blue ray incluido. Avatar nos invita a salir del planeta Tierra y viajar a Pandora. A fines de 2009, eso es de agradecer. Me meto a una sala para olvidar el mundo externo. Por eso es un clásico instantáneo. </p>
<p>Porque, pensemos, ¿cuáles son las cintas que recordamos? Si somos honestos, y no esnobs, citaremos algunas que nos cuentan algo que tiene vasos comunicantes con nuestra experiencia cotidiana pero que pronto logran escindirse de ella. Matrix, Stars Wars, el Señor de los Anillos, Avatar, son ejercicios de la fantasía humana hecha &#8220;realidad&#8221;. Vaya paradoja: le debemos creer a esa mentira que nos presentan en la pantalla. Y lo hacemos. </p>
<p>A eso, al menos en literatura, se le llama verosimilitud. Es un acto mágico, es cuando dejamos de ver los hilos que usa el titiritero y hacemos nuestras esas marionetas. Avatar es, en todo sentido, una historia de grandes marionetas. Esa es su pretención. Ser una grande historia. Y creo que lo logra. No es novedosa en su trama. Vaya no es nueva ni en sus &#8220;efectos&#8221;. Al fin y al cabo vimos ya Dick Tracy y aquella de Jordan jugando basquetbol con dibujitos. También vimos Jurasic Park (y antes King Kong). Y si se trata de realidades paralelas, Matrix es la referencia. A monstruos voladores los vimos en El Señor de los Anillos. A robots los hemos visto en Robocop y Terminator. Para gladiadores invencibles, Rambo. Para viajes intergalácticos Stars Wars. Podríamos seguir. Avatar es todo eso junto. Insisto: y lo creemos.</p>
<p>La película será recordada en sí misma por ser la primera que logra que la unión entre animaciones y humanos sea creíble y hasta bella. Es como si dijéramos: ya no tenemos tela que cortar en este mundo, pues inventemos otro, que se parezca a este pero que sea autónomo. Avatar es una cinta que no tendrá más personajes memorables que&#8230; el avatar.</p>
<p>Podríamos pasarnos horas descifrando el código Avatar, los guiños ideológicos y tecnológicos. Pero creo que nos perderíamos. Como pocas veces en los últimos tiempos, podríamos decir sin reparo: vayan a verla.</p>
<p><a href="http://www.luisvenegas.com/wp-content/uploads/2009/12/p_500_369_B47CC278-FC16-41DA-898C-82E24D121CF9.jpeg"><img src="http://www.luisvenegas.com/wp-content/uploads/2009/12/p_500_369_B47CC278-FC16-41DA-898C-82E24D121CF9.jpeg" alt="" width="221" height="300" class="alignnone size-full wp-image-364" /></a></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.luisvenegas.com/2009/12/26/la-experiencia-avatar/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>2</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>De Holanda a México. III</title>
		<link>http://www.luisvenegas.com/2009/10/08/de-holanda-a-mexico-iii/</link>
		<comments>http://www.luisvenegas.com/2009/10/08/de-holanda-a-mexico-iii/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 08 Oct 2009 17:00:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Luis Venegas</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Urbi et Orbi]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.luisvenegas.com/?p=1237</guid>
		<description><![CDATA[¿Qué nos impresiona a los ciudadanos del tercer mundo cuando visitamos el primer mundo? (perdón por usar esta vieja tipología pues sé que suena a Guerra Fría, pero me sigue gustando) ¿A qué llamamos “riqueza” y a qué “pobreza”? Creo que me sigue impresionando el civismo, la tranquilidad y la comodidad de esas sociedades. No [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>¿Qué nos impresiona a los ciudadanos del tercer mundo cuando visitamos el primer mundo? (perdón por usar esta vieja tipología pues sé que suena a Guerra Fría, pero me sigue gustando) ¿A qué llamamos “riqueza” y a qué “pobreza”? Creo que me sigue impresionando el civismo, la tranquilidad y la comodidad de esas sociedades. No son dulces angelitos que vivan en paradisiacas ciudades. El mar del norte que conocí en La Haya es, digámoslo claramente, feísimo si lo comparamos con (para que suene más populachero) Acapulco. Los paisajes de Los Ángeles son deprimentes si los comparamos con los que se pueden ver en Cuernavaca. La frialdad bostoniana es aburridísima si la comparamos con la vitalidad de Monterrey. ¿Es más “bonito” el centro de Atlanta que Querétaro? Y así, podríamos seguirle. Pero no, eso no nos impresiona.</p>
<p>Hay algo que a ellos les parece natural y que se llama respeto al prójimo. No me importa ahora su justificación, es decir, no sé si ese respeto tiene raíces laicas o religiosas, pero hay un sagrado respeto a la vida del otro. Visité una tienda en La Haya que tenía infinidad de clientes aprovechando sus “Tres días de locura”. ¿Cómo podía haber tanta gente y aún así respirarse respeto por el otro? No se arrebataban la mercancía, pedían disculpas si tocaban el brazo de otro, pedían permiso para pasar a otro pasillo. Eso que parece tan obvio para ellos, es una primera diferencia que nos separa. Llamémosle civismo.</p>
<p>El civismo holandés es sencillo: respeta la individualidad del otro. Y el Estado provee los medios para eso. Holanda tiene una infraestructura funcional. Sirve para que la gente use su bicicleta no por motivos de moda sino de eficiencia, sirve para viajar por el pequeño país en tren sin sobresaltos por los retrasos (y sí, también van de pie, también se amontonan, etc) o por un vendedor ambulante ciego que pone a todo volumen su bocina para ofrecer la peor música popular. Ámsterdam parece ser la ciudad donde se rinde culto al físico de las personas. Hacen deportes, se visten a la moda, comen sano. Pero si alguien no lo hace, ¿a quién le importa?, ellos siguen caminando por sus estrechas calles, llenas de bicicletas y de una soberana indiferencia por el mundo. Me sigue impresionando esa actitud que parece resumirse en esto: no te metas en donde no te importa.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.luisvenegas.com/2009/10/08/de-holanda-a-mexico-iii/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>De Holanda a México. II</title>
		<link>http://www.luisvenegas.com/2009/10/07/de-holanda-a-mexico-ii/</link>
		<comments>http://www.luisvenegas.com/2009/10/07/de-holanda-a-mexico-ii/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 07 Oct 2009 23:46:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Luis Venegas</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Urbi et Orbi]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.luisvenegas.com/2009/10/07/de-holanda-a-mexico-ii/</guid>
		<description><![CDATA[Los políticos son muy poco populares. La gente no los quiere ni en México ni en Holanda ni en Australia ni en Irlanda. En México echamos la culpa a los políticos de todo lo malo que nos pasa. Se lo han ganado a pulso. Tuvimos la pésima suerte de que la transición democrática la condujera [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Los políticos son muy poco populares. La gente no los quiere ni en México ni en Holanda ni en Australia ni en Irlanda. En México echamos la culpa a los políticos de todo lo malo que nos pasa. Se lo han ganado a pulso. Tuvimos la pésima suerte de que la transición democrática la condujera una generación timorata, servil, ambiciosa, mezquina, de corta mirada y corrupta hasta la médula. Es la generación que todavía conduce los destinos de este país, la generación de los gordillo, los foxes, los beltrones, los lópezobrador, los noroña, los montiel, los calderón, los juanitos… y así.</p>
<p>La nuestra es una transición que se quedó en el ámbito electoral. ¿Saben por qué nos generó tal morbo el Juanito-gate? Porque en el fondo era un espejo en donde todos nos mirábamos: así se siguen haciendo las cosas en la cooperativa escolar, en el mercado de la colonia, en el condominio, en el sindicato. Vaya, así se hacen las cosas hasta en las iglesias de este país. En México hemos hecho el prodigio de dejar a la democracia con Platón, de hacer de Maquiavelo un santo y de Adam Smith un verdadero profeta.</p>
<p>Porque sí, los políticos son por todos odiados (tienen peor fama que los judiciales). Pero ¿dónde están los políticos cuando el señor que va en su auto de lujo arroja basura por la ventanilla? ¿Es que los políticos están en el andén del metro, empujando a otros y no dejando que las puertas se cierren? ¿Es culpa de los políticos que la gente compre ropa y artículos de contrabando (por eso decía que Adam Smith es el profeta: ¡muera el Estado! ¡Viva el libre mercado!)? No, señores, esos políticos son fruto de esta sociedad. Ellos, los políticos, son nuestro espejo. Y viceversa. Por eso nos espantan y el espanto nos ha dejado pasmados. La sociedad mexicana, la trabajadora y diligente sociedad mexicana (sin sarcasmo, de verdad, los mexicanos son trabajadores, ni quien lo dude) se quedó paralizada. Se parece a esos camiones, llamados chimecos, que hacen un ruido espantoso, que echan mucho humo, pero no avanzan o lo hacen a paso de tortuga.</p>
<p>Parece que nos encontramos en una pasmosa mediocridad.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.luisvenegas.com/2009/10/07/de-holanda-a-mexico-ii/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>De Holanda a México. Algunas reflexiones sueltas I</title>
		<link>http://www.luisvenegas.com/2009/10/06/de-holanda-a-mexico-algunas-reflexiones-sueltas-i/</link>
		<comments>http://www.luisvenegas.com/2009/10/06/de-holanda-a-mexico-algunas-reflexiones-sueltas-i/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 06 Oct 2009 20:17:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Luis Venegas</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Urbi et Orbi]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.luisvenegas.com/2009/10/06/de-holanda-a-mexico-algunas-reflexiones-sueltas-i/</guid>
		<description><![CDATA[Estuve un par de semanas de visita en uno de los países con mejor calidad de vida del planeta. Me desconecté de todo lo que pasara en el país y quizá en el mundo. En el avión leí El País y me enteré de que Brasil había ganado la sede olímpica. En el Twitter percibí [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Estuve un par de semanas de visita en uno de los países con mejor calidad de vida del planeta. Me desconecté de todo lo que pasara en el país y quizá en el mundo. En el avión leí El País y me enteré de que Brasil había ganado la sede olímpica. En el Twitter percibí la sempiterna depresión mexicana: ¿ya ven? Brasil es un gigante, una potencia, una promesa a punto de hacerse realidad… cosas así. Pensé que, en efecto, Brasil es más grande en México: lo es en territorio, en población, en alegría (esto es subjetivo), en belleza (esto es más subjetivo todavía), en pobreza y en desigualdad. Sus indicadores de desarrollo se elevan y decir que será uno de los pocos países en el mundo (no sólo en América) que creceré en esta temporada de crisis, es ya un dato revelador. Muy bien por ellos.</p>
<p> Pero pensé que la comparación con Brasil es facilona y, en el fondo, queda un rastro de esperanza: serán mejores ahora, pero México podría hacer bien las cosas y superarlo. No, señores, si de verdad quieren ver la miseria y el atraso mexicano, comparen este lindo, precioso, inigualable país con las verdaderas potencias o al menos con esos países donde la vida del ser humano ha encontrado otros derroteros. Y, claro, la comparación con Holanda que hice no hizo sino que resaltar mi percepción sobre la miseria de este país.</p>
<p>No se confundan: vivir esta existencia es igual de difícil aquí que allá. Pero allá la vida sí vale. En México la vida no vale nada. No es que sea más bonito o más lindo. No. La miseria a la que me refiero no tiene que ver ni siquiera con la pobreza (con la estrella de ser ciudadano de un país empobrecido, en cualquier viaje que hago encuentro a los miserables, que son, estos sí, ciudadanos del mundo). La miseria a la que me refiero es moral, ética, cívica. Al menos en esas áreas, México es un país mediocre y lo es porque le gusta serlo.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.luisvenegas.com/2009/10/06/de-holanda-a-mexico-algunas-reflexiones-sueltas-i/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>De visita al reclu II</title>
		<link>http://www.luisvenegas.com/2009/06/22/de-visita-al-reclu-ii/</link>
		<comments>http://www.luisvenegas.com/2009/06/22/de-visita-al-reclu-ii/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 23 Jun 2009 03:02:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Luis Venegas</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[lluvia]]></category>
		<category><![CDATA[reclusorio]]></category>
		<category><![CDATA[reclusorio oriente]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.luisvenegas.com/?p=1178</guid>
		<description><![CDATA[La jefa del chante. Mis muchachos. El comandante bisnero. Mi compadre. Algunas claves se entienden, otras se deducen. Y de las otras mejor no nos acordamos. Mejor pensar que esta segunda caída en la cárcel es fruto de una injusticia, que se enseñaron por ser reincidente. De lo contrario, ¿cómo explicar que el hermano saliera [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La jefa del chante. Mis muchachos. El comandante bisnero. Mi compadre. Algunas claves se entienden, otras se deducen. Y de las otras mejor no nos acordamos. Mejor pensar que esta segunda caída en la cárcel es fruto de una injusticia, que se enseñaron por ser reincidente. De lo contrario, ¿cómo explicar que el hermano saliera antes (previa golpiza, fractura de costilla y promesa de cinco mil pesos para terminar de una vez los golpes en una sección llamada COS)? Ahora espera un amparo. Ahí se juegan los próximos cuatro años de su vida.</p>
<p>Estamos comiendo chicharrón. Ya dimos una vuelta al patio donde se venden artesanías y donde un sonido manda saludos mientras dos o tres parejas bailan al son de la cumbia. Hay parejitas que buscan su lugar en las cabañas. Otras ya han concluido su sesión amorosa y van a pasear. Por enésima vez vuelve a pasar el interno ciego con su muchacho de lazarillo, pidiendo limosna. Los vigilantes, los custodios vestidos de negro, altos, fornidos, con armas de alto calibre, pasan para cobrar a los que atienden los puestos. Ha terminado el triste culto cristiano donde diez internos levantaron la mano mientras cantan: “cansado del camino, sediento de ti…” Ya también he terminado mi sesión de indoctrinación. Ha ido a dejar sus productos y ha regresado con las bolsas vacías (ya no conoceré plaza oriente, lugar donde los internos se surten de los mejores productos). Viene la despedida, el pórtate bien. Y la lluvia.<span id="more-1178"></span></p>
<p>Agua que saca a los roedores de tamaño monumental de las coladeras, que provoca la salida de los amorosos, que rompe lonas, que nos hace reír a todos y que nos hermana con los internos que hacen esfuerzos para que las visitas no se empapan. Agua que parece crecer, que nos recuerda que aquello es, básicamente, un agujero. Y que desnuda la improvisación, propia de este país: los custodios no saben como desahogar ni las coladeras ni a las visitas a quienes el agua les llega a las rodillas, a las mujeres con camisetas mojadas, a los ancianos que se cubren con el bote de la leche de la conasupo, a los niños que lloran, a las madres que gritan que dejen salir</p>
<p>Los custodios improvisan una salida, se contradicen, hacen filas que a los tres segundos se rompen, entregan credenciales con una velocidad que parece lenta mientras el agua ya les incomoda sus botas negras. Fuman nerviosos, ayudan a las mujeres y a los pastores improvisados (yo me dejé querer, desde que entré y hasta la salida). Es Oaxtepec en el reclu.</p>
<p>En la salida nos despedimos. Un par de vendedoras ambulantes ofrecen impermeables. Pero nos miran y una le dice a la otra: “no manches, si ya vienen bien mojados los pobrecitos”. Sonrío mientras me tallo por enésima vez los ojos. Todo es borroso entonces, culpa del gel y de la miopía. Subo al auto, me quito la playera y doy una vuelta obligada: el hoyo del reclusorio se desahogará.</p>
<div class="wp-caption aligncenter" style="width: 210px"><img title="Inundación" src="http://www.jornada.unam.mx/2006/07/06/fotos/040n1cap-2.jpg" alt="La Jornada / Alfredo Domínguez" width="200" height="298" /><p class="wp-caption-text">La Jornada / Alfredo Domínguez</p></div>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.luisvenegas.com/2009/06/22/de-visita-al-reclu-ii/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>De visita al reclusorio I</title>
		<link>http://www.luisvenegas.com/2009/06/21/de-visita-al-reclusorio-i/</link>
		<comments>http://www.luisvenegas.com/2009/06/21/de-visita-al-reclusorio-i/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 22 Jun 2009 02:48:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Luis Venegas</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[cárcel]]></category>
		<category><![CDATA[east]]></category>
		<category><![CDATA[jail]]></category>
		<category><![CDATA[México]]></category>
		<category><![CDATA[reclusorio oriente]]></category>
		<category><![CDATA[visita]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.luisvenegas.com/?p=1174</guid>
		<description><![CDATA[Fuimos a visitar al hijo de una hermana de la iglesia. Allá, en el oriente de la ciudad, un terreno de forma cuadrada, alberga a cerca de 15 mil delincuentes. O de personas a los que el sistema de justicia mexicano considera delincuentes. Y, claro, ya ver el adjetivo mexicano debería encender las luces de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Fuimos a visitar al hijo de una hermana de la iglesia. Allá, en el oriente de la ciudad, un terreno de forma cuadrada, alberga a cerca de 15 mil delincuentes. O de personas a los que el sistema de justicia mexicano considera delincuentes. Y, claro, ya ver el adjetivo mexicano debería encender las luces de la sospecha y de que algo se hace muy mal allá dentro.</p>
<p>Tenía idea de que la corrupción, los abusos y, en general, el catálogo de los vicios del mexicano campeaban alegremente en eso que, en un abuso de optimismo, se denomina “Centro de Readaptación Social”. Sí, la justicia mexicana no castiga, más bien intenta adaptar a los inadaptados. Pero no había visitado esos lugares. Ahora puedo decir que conozco, aunque sea superficialmente, lo más cercano a la selva y el libre mercado de fuerzas e inmoralidades. Adam Smith tuvo que inspirarse en una cárcel mexicana para decir que la mano invisible del mercado regula todo. Porque, aunque México se pudre en medio de la corrupción, afuera al menos hay apariencias que cubrir. Adentro no: el abuso aparece sin máscaras.<span id="more-1174"></span></p>
<p>Mi compañero me había dicho: ve lo más ligero que puedas, llévate tu Biblia y no se te ocurra ir de beige, el color de la cárcel. Así que este bloger se armó de su religión y de su curiosidad y fue para allá. Vi grupos de gente de dos a cuatro personas, niños, jóvenes, ancianos, mujeres (muchas). Pero al sentimiento de compasión se le antepuso el de la interrogación: y todas esas bolsas, ¿para qué? Es decir, las visitas traían bolsas, como si fueran a vender a un tianguis, llenas de productos que van desde el pastel hasta las botellas de aceite. Es como si fueran a subirse a un autobús guajolotero con todo y el guajolote. Mi anfitrión no sería la excepción: tiene un puesto en la cárcel y hay que surtirlo.</p>
<p>Surtir la tiendita tiene su precio: se tuvo que pagar 100 pesos por bolsa, 300 en total, esperar, convencer, rogar a los custodios para que finalmente el primer trámite, la aduana, pudiera pasarse. Mi compañero me lo había dicho: vas a encontrar un tianguis con todo y visita guiada. Los estafetas, aquellos que se amontonan en la entrada, aquellos que ofrecen buscar a su interno, cargar las bolsas, llevarlos a una mesa para convivir, esos se arremolinan en la puerta que al principio me hizo recordar a Dante y su entrada al infierno pero que, al final, me hizo recordar la entrada a una gran pachanga.</p>
<p>Aquello se parece más a una kermés que a una cárcel. Todo pasillo es flanqueado por “palapas” y, detrás de esas mesas de plástico, con todo y mantel (y horno de micro ondas para calentar la comida) las cabañas, los privados: sí, el lugar donde se da rienda suelta al romance sin necesidad de pasar por los trámites (y los riesgos) de la visita íntima. Hasta que no te sientes con tu visita, ellos te rodearán, si te ven con Biblia te dirán hermano, te ofrecerán el mejor lugar para platicar y pasarla bien. Te ofrecerán comida (hay puestos de tacos, tortas y garnachas) y, por supuesto, localizar entre 14 mil seres al que tú buscas.</p>
<p>Luego, la cuota: cinco pesos, tres pesos, lo que sea. Porque todo tiene precio. Todo. ¿Quiere dormir acostado? Pague. ¿Quiere bajar de los dormitorios al patio para ver a su visita? Pague. ¿Quiere pasar a ver a su familiar? Pague. Baños, camas, mesas, sillas, música: todo tiene su precio. Cuotas ridículas pero que multiplicadas dan cantidades interesantes. El mercado sin regulación del Estado. El capitalismo salvaje en su esplendor.</p>
<p>La hora de visita es el momento de la tregua. Pasean los secuestradores, los que se robaron un gansito en la tienda, los que asesinaron a sus abuelos, el que se robó un elefante. Hombres de aspecto patibulario pero también los gentleman. Y visitantes de todo tipo. En ese momento todo parece tan familiar que hasta pareciera que la están pasando bien, que realmente se rehabilitarán. Los que afuera extorsionan, los que robaron a mano armada, ahora te ofrecen bolearte los zapatos o contarte las mañanitas. Aquí la vida no vale nada, pero todo lo demás sí.</p>
<p style="font: normal normal normal 12px/normal Helvetica; text-align: center; margin: 0px;"><span style="letter-spacing: 0.0px;"><img class="aligncenter" title="Reclu Oriente" src="http://www.reclusorios.df.gob.mx/sala_prensa/fotografia/fotos/olimpiadas2006%20(59).jpg" alt="" width="448" height="336" /><br />
</span></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.luisvenegas.com/2009/06/21/de-visita-al-reclusorio-i/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>La Reina del Pacífico o la película diaria mexicana</title>
		<link>http://www.luisvenegas.com/2007/10/10/la-reina-del-pacifico-o-la-pelicula-diaria-mexicana/</link>
		<comments>http://www.luisvenegas.com/2007/10/10/la-reina-del-pacifico-o-la-pelicula-diaria-mexicana/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 10 Oct 2007 18:57:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Luis Venegas</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Noticia]]></category>
		<category><![CDATA[Seguridad]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://luisvenegas.wordpress.com/2007/10/10/la-reina-del-pacifico-o-la-pelicula-diaria-mexicana/</guid>
		<description><![CDATA[La historia de Sandra Ávila, la &#8220;Venada&#8221; para sus cuates, la &#8220;Reina del Pacífico&#8221; para los mortales, es a todas luces fascinante. Es la historia de una (bella) mujer criminal.  Ya a estas alturas se ha comentado mucho de ella. Sólo quiero agregar lo que siempre ocurre en estos casos: que la ficción se alimenta de la verdad [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La historia de Sandra Ávila, la &#8220;<a href="http://busquedas.gruporeforma.com/reforma/Documentos/DocumentoImpresa.aspx?ValoresForma=919056-1066,reina+del+pacifico" target="_blank" onclick="pageTracker._trackPageview('/outgoing/busquedas.gruporeforma.com/reforma/Documentos/DocumentoImpresa.aspx?ValoresForma=919056-1066_reina+del+pacifico&amp;referer=');">Venada</a>&#8221; para sus cuates, la &#8220;Reina del Pacífico&#8221; para los mortales, es a todas luces fascinante. Es la historia de una (bella) mujer criminal.  Ya a estas alturas se ha comentado mucho de ella. Sólo quiero agregar lo que siempre ocurre en estos casos: que la ficción se alimenta de la verdad y que ésta no está obligada a ser verosímil. Les dejo algunas crónicas aparecidad en el periódico del mismo nombre que me parecen dignas de leerse. La anécdota es interesante. Y lo que hay detrás también.</p>
<p>Aquí <a href="http://www.cronica.com.mx/nota.php?id_nota=325525" target="_blank" onclick="pageTracker._trackPageview('/outgoing/www.cronica.com.mx/nota.php?id_nota=325525&amp;referer=');">otra crónica</a> (con la última foto libre):</p>
<blockquote><p><img src="http://www.cronica.com.mx/nimagenes/1/04b976100a.jpg" border="0" alt="" width="150" height="185" align="left" /> </p>
<p>A la hora de ser fichada, La Reina del Pacífico pidió su maquillaje</p>
<p>Carlos Jiménez 5 de Octubre de 2007 | Hora de publicación: 10:09</p>
<p>Cuando vio la cámara frente a ella, se detuvo. Estaba rodeada de agentes que vigilaban cada uno de sus movimientos. Faltaban unas horas para que la encarcelaran&#8230; aún así levantó sus manos esposadas para alcanzarse el cabello. Y con una voz risueña La Reina del Pacífico dijo: &#8220;Voy a salir muy fea, ni aretes traigo. Déjenme maquillar&#8230;&#8221;</p>
<p>Quienes estaban ahí no pudieron aguantar la risa. Pero el diálogo antes de retratarla para su expediente no terminó en ese momento:</p>
<p>-Le vamos a tomar unas fotos, la vamos a hacer famosa -le dijo quien estaba por captarla.<span id="more-495"></span></p>
<p>-Es que famosa ya soy. Yo soy la reina&#8230;. -respondió con un tono irónico Sandra Ávila Beltrán.</p>
<p>Después entró al baño. Se acomodó el fleco. Se mojó un poco el rostro. Desenredó el rosario que colgaba de su cuello, y salió con una sonrisa para las fotos.</p>
<p>Había pasado ya poco más de dos horas desde que un grupo especial de AFIs la detuvo en el estacionamiento del Vips de San Jerónimo Lídice.</p>
<p>Dos de los elementos que la capturaron hace una semana lo recuerdan. Y aunque saben que ya forman parte de la historia lo relatan a Crónica con la condición de no revelar sus identidades. Porque les puede costar la vida.</p>
<p>Atrás había quedado el único momento en que la mujer originaria de Tijuana se mostró desorientada. &#8220;Derrotada&#8221;, dijeron sus captores.</p>
<p>Los policías cuentan ese instante. La mirada de Sandra Ávila Beltrán estaba clavada en el piso. El cabello castaño apenas dejaba entrever su rostro.</p>
<p>La Reina del Pacífico respiró profundamente y les dijo: &#8220;soñé hace tres días que me iban a detener&#8221;.</p>
<p>Y pidió su teléfono celular para &#8220;avisarle a mi hijo y a mi mamá que estoy bien, que me están tratando bien, que no se preocupen cuando me vean en la tele&#8230;&#8221;</p>
<p>Unos minutos antes el grupo de agentes de la SSPF le pidó que bajara de su camioneta: efectivamente la acababan de aprehender.</p>
<p>Los más de tres años de investigación que llevaban los policías tenían su recompensa.</p>
<p>La mujer buscada por autoridades de nuestro país y Estados Unidos, la líder de narcotraficantes mexicanos y colombianos estaba frente a ellos; desarmada y sin escoltas.</p>
<p>CAPTURA DE PELíCULA. Desde las 10:15 de la mañana del viernes 28 de septiembre, Sandra Ávila había llegado al restaurante al sur del Distrito Federal.</p>
<p>Ahí se reunió con un hombre y una mujer con quienes desayunó y que le decían Daniela. &#8220;Eran dos personas ajenas a los negocios ilícitos&#8221;, cuentan los agentes.</p>
<p>Para llegar a ese lugar, la tijuanense salió sola de su casa. Como nunca lo hacía, iba sin los autos que la cuidaban en todo momento.</p>
<p>En ocasiones usaba una camioneta BMW. También un auto de la misma marca, o alguno de los dos Mercedes Benz. Muy ocasionalmente utilizaba el Mondeo.</p>
<p>Cuando ella salía en alguno de los carros, dos o tres personas la seguían en otro. &#8220;Eran sus muros&#8221;, describen los investigadores.</p>
<p>&#8220;Era una mujer que se cuidaba mucho. Casi nunca se bajaba de sus autos. Cambiaba mucho sus rutas. Cuando llegaba a casa daba dos o tres vueltas por otras calles. A veces se frenaba en pleno Periférico sin motivo alguno&#8230; todo para estar segura de que nadie la seguía&#8221;.</p>
<p>Pero ese día fue diferente. En su camioneta BMW negra salió rumbo al Vips. Sin dar vueltas innecesarias. Sin sus &#8220;muros&#8221;. Sin armas.</p>
<p>Y al llegar al lugar se sentó en un gabinete del restaurante. Junto a una ventana.</p>
<p>En las manos sólo llevaba su bolsa. Dentro de ella dos tarjetas de crédito HSBC, tres teléfonos celulares, unas gotas para los ojos y un juego de llaves.</p>
<p>Tres agentes entraron al restaurante como si fueran clientes. Dos se sentaron en una mesa y otro más hizo lo mismo a unos metros de ella.</p>
<p>Ella nunca los reconoció. Vestían de traje, tomaban café. &#8220;Creí que eran abogados, licenciados, cualquier cosa. Nunca que fueran federales&#8221;, confesaría después.</p>
<p>A través del cristal otros agentes la vigilaban desde afuera. Unos se escondieron en las cajuelas de sus autos. Otro más logró tomarle una foto a lo lejos.</p>
<p>&#8220;Logramos obtener un retrato en ese instante. Y lo enviamos a nuestra central. Ahí nuestro mando revisó la imagen, la comparó con los archivos y en unos minutos nos dio la orden: Es ella; adelante con la detención&#8221;.</p>
<p>Sandra Ávila estuvo horas en el restaurante. Pagó la cuenta y todavía platicó con sus acompañantes durante 35 minutos en la entrada.</p>
<p>El tiempo era desesperante para los agentes. El miedo a que los descubriera los invadía.</p>
<p>Aunque había agentes apostados en algunas calles cercanas, todo podía suceder con una mujer &#8220;tan querida por los grandes narcotraficantes&#8221;, como la describen los investigadores.</p>
<p>Pero al final salió del restaurante sin llamar a nadie. Caminó hacia su camioneta y subió a ella. Estaba por encender el motor cuando escuchó una voz afuera de la ventana: &#8220;Policía federal, baje de la unidad&#8221;.</p>
<p>Los pequeños ojos de la tijuanense se abrieron más de lo normal. &#8220;Quizá pensó que la íbamos a secuestrar. O que éramos de algún grupo rival&#8221;, platican sus captores.</p>
<p>Con la voz un poco nerviosa ella les dijo:</p>
<p>-No es cierto. Ustedes no son federales, vienen de otro lado</p>
<p>-Somos policía federal. ¿Cómo se llama?</p>
<p>-No, no es cierto. Ustedes vienen de otro lado. Yo soy Sandra&#8230;</p>
<p>-Sandra Ávila Beltrán&#8230;.</p>
<p>La mujer ya no habló más.</p>
<p>Los agentes la subieron a uno de los automóviles de la policía. Le pidieron el boleto del estacionamiento y ella se los dio para pagarlo.</p>
<p>Luego de entregar 28 pesos en la caseta del estacionamiento, todos salieron de ahí. La señora iba sentada en el asiento trasero de una de las unidades.</p>
<p>&#8220;Ni siquiera me mostraron sus identificaciones. Ninguna orden, nada&#8230;&#8221; fue lo primero que dijo La Reina del Pacífico cuando la llevaban ya rumbo a la PGR.</p></blockquote>
<p>Fuente: <a href="http://www.cronica.com.mx/nota.php?id_nota=326401" target="_blank" onclick="pageTracker._trackPageview('/outgoing/www.cronica.com.mx/nota.php?id_nota=326401&amp;referer=');">La Crónica</a></p>
<p><a href="http://www.cronica.com.mx/nota.php?id_nota=326555" target="_blank" onclick="pageTracker._trackPageview('/outgoing/www.cronica.com.mx/nota.php?id_nota=326555&amp;referer=');">Aquí </a>lo que parece continuación de este capítulo.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.luisvenegas.com/2007/10/10/la-reina-del-pacifico-o-la-pelicula-diaria-mexicana/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>

<!-- Dynamic page generated in 1.543 seconds. -->
<!-- Cached page generated by WP-Super-Cache on 2010-09-07 22:11:28 -->
