El blog de Luis Venegas

Pues eso…

La experiencia Avatar

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Podemos ver Avatar desde diferentes ópticas. Podríamos decir que es una historia de amor. También podría ser considerada como una reivindicación hippie-ambientalista-comunista. O como un “remake” de Danza con lobos y otras cintas donde un extraño termina siendo parte de la comunidad (en realidad es el Salvador o al menos el defensor de esa cultura). Habrá quien diga, cómo no, que es un producto carísimo del imperialismo yanqui. Pero propongo una más: Avatar como la reinvidicación del cine de ser esa pantalla mágica, que nos traslada a otra realidad.

Y es que, desde su origen, eso es el cine, la literatura, la pintura y el arte: un bello escape de la realidad. Avatar provoca eso. Tiene la capacidad de hacernos olvidar la historia cursi de amor que contiene, de olvidar el recurso fácil de “los efectos especiales”, del discurso salvemos la Tierra, viva lo multicultural, todos somos hermanos. La cinta se separa de eso para lograr lo que solo hacen los clásicos: nos dice que otra realidad, que otro mundo es posible y que existe. Ahí está, frente a nosotros. Es una experiencia que no logra ni el más caro home theatre con Blue ray incluido. Avatar nos invita a salir del planeta Tierra y viajar a Pandora. A fines de 2009, eso es de agradecer. Me meto a una sala para olvidar el mundo externo. Por eso es un clásico instantáneo.

Porque, pensemos, ¿cuáles son las cintas que recordamos? Si somos honestos, y no esnobs, citaremos algunas que nos cuentan algo que tiene vasos comunicantes con nuestra experiencia cotidiana pero que pronto logran escindirse de ella. Matrix, Stars Wars, el Señor de los Anillos, Avatar, son ejercicios de la fantasía humana hecha “realidad”. Vaya paradoja: le debemos creer a esa mentira que nos presentan en la pantalla. Y lo hacemos.

A eso, al menos en literatura, se le llama verosimilitud. Es un acto mágico, es cuando dejamos de ver los hilos que usa el titiritero y hacemos nuestras esas marionetas. Avatar es, en todo sentido, una historia de grandes marionetas. Esa es su pretención. Ser una grande historia. Y creo que lo logra. No es novedosa en su trama. Vaya no es nueva ni en sus “efectos”. Al fin y al cabo vimos ya Dick Tracy y aquella de Jordan jugando basquetbol con dibujitos. También vimos Jurasic Park (y antes King Kong). Y si se trata de realidades paralelas, Matrix es la referencia. A monstruos voladores los vimos en El Señor de los Anillos. A robots los hemos visto en Robocop y Terminator. Para gladiadores invencibles, Rambo. Para viajes intergalácticos Stars Wars. Podríamos seguir. Avatar es todo eso junto. Insisto: y lo creemos.

La película será recordada en sí misma por ser la primera que logra que la unión entre animaciones y humanos sea creíble y hasta bella. Es como si dijéramos: ya no tenemos tela que cortar en este mundo, pues inventemos otro, que se parezca a este pero que sea autónomo. Avatar es una cinta que no tendrá más personajes memorables que… el avatar.

Podríamos pasarnos horas descifrando el código Avatar, los guiños ideológicos y tecnológicos. Pero creo que nos perderíamos. Como pocas veces en los últimos tiempos, podríamos decir sin reparo: vayan a verla.

Written by Luis Venegas

Diciembre 26th, 2009 at 4:12 pm

2 Responses to 'La experiencia Avatar'

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  1. Verisimilitud: la palabra es verosimilitud, o sea, los que se parecen a vero, jajajaj.

    Cristina Maya

    28 Dic 09 at 2:38 pm

  2. Ha, ya entendí, es que escribiste la palabra en latín, verisimilitudo… jejejje

    Cristina Maya

    28 Dic 09 at 2:40 pm

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