Cuatro actos de la guerra mexicana
En el primer acto, el Gran Capo huye de Puebla para ir a refugiarse a Cuernavaca. El acto termina con el inicio de una posada ambientada por, entre otros, Ramón Ayala.
En el segundo acto, la cacería al gran capo continúa. Huye de la posada pero no de la ciudad. Ente líneas de coca, cree que sus incondicionales lo salvarán. Cree que sigue siendo el gran capo. Ya no lo es. El supradicho Ramón Ayala es detenido y así concluye el acto.
En el tercer acto, la cacería culmina con el cuerpo del delincuente exhibido como trofeo, con billetes sobre su cuerpo, el hombro destrozado, la boca y los ojos abiertos. Uno de los que intenta capturarlo, muere. Digamos que daños colaterales. El acto culmina con un funeral en Sinaloa (territorio de sus enemigos) rodeado de mujeres y de arreglos florales de más de 30 mil pesos.
En el cuarto acto, el más infame, un comando de criminales asesina a la madre, tía y hermanos del marino muerto. Es la segunda muerte. Es el segundo funeral de esa familia. El país se estremece, pero, ay, viene navidad y año nuevo y pronto se olvidará (si no aparece en la tele, no existe). También se olvidará al secretario de turismo de Sinaloa, el atentado en Coahuila, las granadas en Sonora.
El presidente lo dijo el 1 de diciembre de 2006: iniciaba la guerra contra el narcotráfico. Es la guerra. Es la barbarie. Es la muerte.
No preguntamos qué, sino quién sigue…

El Marino Melquisedet