Podemos ver Avatar desde diferentes ópticas. Podríamos decir que es una historia de amor. También podría ser considerada como una reivindicación hippie-ambientalista-comunista. O como un “remake” de Danza con lobos y otras cintas donde un extraño termina siendo parte de la comunidad (en realidad es el Salvador o al menos el defensor de esa cultura). Habrá quien diga, cómo no, que es un producto carísimo del imperialismo yanqui. Pero propongo una más: Avatar como la reinvidicación del cine de ser esa pantalla mágica, que nos traslada a otra realidad.
Y es que, desde su origen, eso es el cine, la literatura, la pintura y el arte: un bello escape de la realidad. Avatar provoca eso. Tiene la capacidad de hacernos olvidar la historia cursi de amor que contiene, de olvidar el recurso fácil de “los efectos especiales”, del discurso salvemos la Tierra, viva lo multicultural, todos somos hermanos. La cinta se separa de eso para lograr lo que solo hacen los clásicos: nos dice que otra realidad, que otro mundo es posible y que existe. Ahí está, frente a nosotros. Es una experiencia que no logra ni el más caro home theatre con Blue ray incluido. Avatar nos invita a salir del planeta Tierra y viajar a Pandora. A fines de 2009, eso es de agradecer. Me meto a una sala para olvidar el mundo externo. Por eso es un clásico instantáneo.
Porque, pensemos, ¿cuáles son las cintas que recordamos? Si somos honestos, y no esnobs, citaremos algunas que nos cuentan algo que tiene vasos comunicantes con nuestra experiencia cotidiana pero que pronto logran escindirse de ella. Matrix, Stars Wars, el Señor de los Anillos, Avatar, son ejercicios de la fantasía humana hecha “realidad”. Vaya paradoja: le debemos creer a esa mentira que nos presentan en la pantalla. Y lo hacemos.
A eso, al menos en literatura, se le llama verosimilitud. Es un acto mágico, es cuando dejamos de ver los hilos que usa el titiritero y hacemos nuestras esas marionetas. Avatar es, en todo sentido, una historia de grandes marionetas. Esa es su pretención. Ser una grande historia. Y creo que lo logra. No es novedosa en su trama. Vaya no es nueva ni en sus “efectos”. Al fin y al cabo vimos ya Dick Tracy y aquella de Jordan jugando basquetbol con dibujitos. También vimos Jurasic Park (y antes King Kong). Y si se trata de realidades paralelas, Matrix es la referencia. A monstruos voladores los vimos en El Señor de los Anillos. A robots los hemos visto en Robocop y Terminator. Para gladiadores invencibles, Rambo. Para viajes intergalácticos Stars Wars. Podríamos seguir. Avatar es todo eso junto. Insisto: y lo creemos.
La película será recordada en sí misma por ser la primera que logra que la unión entre animaciones y humanos sea creíble y hasta bella. Es como si dijéramos: ya no tenemos tela que cortar en este mundo, pues inventemos otro, que se parezca a este pero que sea autónomo. Avatar es una cinta que no tendrá más personajes memorables que… el avatar.
Podríamos pasarnos horas descifrando el código Avatar, los guiños ideológicos y tecnológicos. Pero creo que nos perderíamos. Como pocas veces en los últimos tiempos, podríamos decir sin reparo: vayan a verla.

Posted: Diciembre 26th, 2009
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Urbi et Orbi
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En el primer acto, el Gran Capo huye de Puebla para ir a refugiarse a Cuernavaca. El acto termina con el inicio de una posada ambientada por, entre otros, Ramón Ayala.
En el segundo acto, la cacería al gran capo continúa. Huye de la posada pero no de la ciudad. Ente líneas de coca, cree que sus incondicionales lo salvarán. Cree que sigue siendo el gran capo. Ya no lo es. El supradicho Ramón Ayala es detenido y así concluye el acto.
En el tercer acto, la cacería culmina con el cuerpo del delincuente exhibido como trofeo, con billetes sobre su cuerpo, el hombro destrozado, la boca y los ojos abiertos. Uno de los que intenta capturarlo, muere. Digamos que daños colaterales. El acto culmina con un funeral en Sinaloa (territorio de sus enemigos) rodeado de mujeres y de arreglos florales de más de 30 mil pesos.
En el cuarto acto, el más infame, un comando de criminales asesina a la madre, tía y hermanos del marino muerto. Es la segunda muerte. Es el segundo funeral de esa familia. El país se estremece, pero, ay, viene navidad y año nuevo y pronto se olvidará (si no aparece en la tele, no existe). También se olvidará al secretario de turismo de Sinaloa, el atentado en Coahuila, las granadas en Sonora.
El presidente lo dijo el 1 de diciembre de 2006: iniciaba la guerra contra el narcotráfico. Es la guerra. Es la barbarie. Es la muerte.
No preguntamos qué, sino quién sigue…

El Marino Melquisedet
Posted: Diciembre 23rd, 2009
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Urbi et Orbi
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Arturo Beltrán Leyva fue asesinado por fuerzas federales. Cómo estará el ambiente nacional que en lugar de respirar tranquilos, endurecemos la quijada: ¿qué viene? Fácil. En el corto plazo, una serie de ataques horrorosos, como sólo saben hacerlo los narcos, en contra del gobierno federal. En el mediano plazo, un reacomodo de fuerzas: ¿quién se hará con el control de ese cartel? He ahí el problema con la guerra contra el narco: por una cabeza que corten, surgen seis. Vienen horas difíciles que, según escucho en el radio, sirven para la tranquilidad de mi familia. Que así sea.

Posted: Diciembre 17th, 2009
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De acuerdo: han pasado cinco días y este tema ya no está de moda. De acuerdo: al 95% de la humanidad le importa poco o nada lo que crea o deje de creer. Y todavía más: ninguno de los involucrados leera esté post o si lo leen no harán algo. Pero no me importa: yo no soy creyente guadalupano.
“La madre de todos los mexicanos” no es la mía y me importa poco si me dicen que no tengo ídem. Me desagrada que esa supuesta madre permita a sus hijos desquiciar una ciudad. No es de extrañar que este país sea cohetero, escandoloso, exagerado, irrespetuoso, amante del desorden cuando su madre deja a sus hijos tomar literalmente el centro del país con sus muy piadosas razones. Miren: he estado en iglesias protestantes en otros países más o menos conservadoras, más o menos fanáticas, pero respetuosas de la libre circulación de personas y vehículos en su comunidad. Así como yo tengo derecho a ejercer mi fe, también tengo derecho a no ser afectado por la piedad ajena. Pero a esa madre parece importarle poco.
Y no, merolicos televisivos: hay una minoría que decimos no a ese culto. Yo no soy su hijo… ni adoptivo ni natural. Aunque, ahora que lo pienso mejor, en este país uno es guadalupano por decreto. Nomás les pido: al menos canten bien las mañanitas.
Posted: Diciembre 17th, 2009
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