El blog de Luis Venegas

Pues eso…

De Holanda a México. III

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¿Qué nos impresiona a los ciudadanos del tercer mundo cuando visitamos el primer mundo? (perdón por usar esta vieja tipología pues sé que suena a Guerra Fría, pero me sigue gustando) ¿A qué llamamos “riqueza” y a qué “pobreza”? Creo que me sigue impresionando el civismo, la tranquilidad y la comodidad de esas sociedades. No son dulces angelitos que vivan en paradisiacas ciudades. El mar del norte que conocí en La Haya es, digámoslo claramente, feísimo si lo comparamos con (para que suene más populachero) Acapulco. Los paisajes de Los Ángeles son deprimentes si los comparamos con los que se pueden ver en Cuernavaca. La frialdad bostoniana es aburridísima si la comparamos con la vitalidad de Monterrey. ¿Es más “bonito” el centro de Atlanta que Querétaro? Y así, podríamos seguirle. Pero no, eso no nos impresiona.

Hay algo que a ellos les parece natural y que se llama respeto al prójimo. No me importa ahora su justificación, es decir, no sé si ese respeto tiene raíces laicas o religiosas, pero hay un sagrado respeto a la vida del otro. Visité una tienda en La Haya que tenía infinidad de clientes aprovechando sus “Tres días de locura”. ¿Cómo podía haber tanta gente y aún así respirarse respeto por el otro? No se arrebataban la mercancía, pedían disculpas si tocaban el brazo de otro, pedían permiso para pasar a otro pasillo. Eso que parece tan obvio para ellos, es una primera diferencia que nos separa. Llamémosle civismo.

El civismo holandés es sencillo: respeta la individualidad del otro. Y el Estado provee los medios para eso. Holanda tiene una infraestructura funcional. Sirve para que la gente use su bicicleta no por motivos de moda sino de eficiencia, sirve para viajar por el pequeño país en tren sin sobresaltos por los retrasos (y sí, también van de pie, también se amontonan, etc) o por un vendedor ambulante ciego que pone a todo volumen su bocina para ofrecer la peor música popular. Ámsterdam parece ser la ciudad donde se rinde culto al físico de las personas. Hacen deportes, se visten a la moda, comen sano. Pero si alguien no lo hace, ¿a quién le importa?, ellos siguen caminando por sus estrechas calles, llenas de bicicletas y de una soberana indiferencia por el mundo. Me sigue impresionando esa actitud que parece resumirse en esto: no te metas en donde no te importa.

Written by Luis Venegas

Octubre 8th, 2009 at 12:00 pm

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