Lo que debe importarle nada al 99.9% de los lectores fieles y resistentes de este blog. Significa que intantaré escribir una novela de más de 50 mil palabras. El premio es la satisfacción del deber cumplido (sonó a frase de político caído en desgracia). Como no sé bien de que manera se promociona esto, les dejo la dirección
Nanowrimo
El reto es la cantidad. Vendrá un tiempo de corrección. A ver qué sale.

Posted: Octubre 30th, 2009
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¿Qué nos impresiona a los ciudadanos del tercer mundo cuando visitamos el primer mundo? (perdón por usar esta vieja tipología pues sé que suena a Guerra Fría, pero me sigue gustando) ¿A qué llamamos “riqueza” y a qué “pobreza”? Creo que me sigue impresionando el civismo, la tranquilidad y la comodidad de esas sociedades. No son dulces angelitos que vivan en paradisiacas ciudades. El mar del norte que conocí en La Haya es, digámoslo claramente, feísimo si lo comparamos con (para que suene más populachero) Acapulco. Los paisajes de Los Ángeles son deprimentes si los comparamos con los que se pueden ver en Cuernavaca. La frialdad bostoniana es aburridísima si la comparamos con la vitalidad de Monterrey. ¿Es más “bonito” el centro de Atlanta que Querétaro? Y así, podríamos seguirle. Pero no, eso no nos impresiona.
Hay algo que a ellos les parece natural y que se llama respeto al prójimo. No me importa ahora su justificación, es decir, no sé si ese respeto tiene raíces laicas o religiosas, pero hay un sagrado respeto a la vida del otro. Visité una tienda en La Haya que tenía infinidad de clientes aprovechando sus “Tres días de locura”. ¿Cómo podía haber tanta gente y aún así respirarse respeto por el otro? No se arrebataban la mercancía, pedían disculpas si tocaban el brazo de otro, pedían permiso para pasar a otro pasillo. Eso que parece tan obvio para ellos, es una primera diferencia que nos separa. Llamémosle civismo.
El civismo holandés es sencillo: respeta la individualidad del otro. Y el Estado provee los medios para eso. Holanda tiene una infraestructura funcional. Sirve para que la gente use su bicicleta no por motivos de moda sino de eficiencia, sirve para viajar por el pequeño país en tren sin sobresaltos por los retrasos (y sí, también van de pie, también se amontonan, etc) o por un vendedor ambulante ciego que pone a todo volumen su bocina para ofrecer la peor música popular. Ámsterdam parece ser la ciudad donde se rinde culto al físico de las personas. Hacen deportes, se visten a la moda, comen sano. Pero si alguien no lo hace, ¿a quién le importa?, ellos siguen caminando por sus estrechas calles, llenas de bicicletas y de una soberana indiferencia por el mundo. Me sigue impresionando esa actitud que parece resumirse en esto: no te metas en donde no te importa.
Posted: Octubre 8th, 2009
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Los políticos son muy poco populares. La gente no los quiere ni en México ni en Holanda ni en Australia ni en Irlanda. En México echamos la culpa a los políticos de todo lo malo que nos pasa. Se lo han ganado a pulso. Tuvimos la pésima suerte de que la transición democrática la condujera una generación timorata, servil, ambiciosa, mezquina, de corta mirada y corrupta hasta la médula. Es la generación que todavía conduce los destinos de este país, la generación de los gordillo, los foxes, los beltrones, los lópezobrador, los noroña, los montiel, los calderón, los juanitos… y así.
La nuestra es una transición que se quedó en el ámbito electoral. ¿Saben por qué nos generó tal morbo el Juanito-gate? Porque en el fondo era un espejo en donde todos nos mirábamos: así se siguen haciendo las cosas en la cooperativa escolar, en el mercado de la colonia, en el condominio, en el sindicato. Vaya, así se hacen las cosas hasta en las iglesias de este país. En México hemos hecho el prodigio de dejar a la democracia con Platón, de hacer de Maquiavelo un santo y de Adam Smith un verdadero profeta.
Porque sí, los políticos son por todos odiados (tienen peor fama que los judiciales). Pero ¿dónde están los políticos cuando el señor que va en su auto de lujo arroja basura por la ventanilla? ¿Es que los políticos están en el andén del metro, empujando a otros y no dejando que las puertas se cierren? ¿Es culpa de los políticos que la gente compre ropa y artículos de contrabando (por eso decía que Adam Smith es el profeta: ¡muera el Estado! ¡Viva el libre mercado!)? No, señores, esos políticos son fruto de esta sociedad. Ellos, los políticos, son nuestro espejo. Y viceversa. Por eso nos espantan y el espanto nos ha dejado pasmados. La sociedad mexicana, la trabajadora y diligente sociedad mexicana (sin sarcasmo, de verdad, los mexicanos son trabajadores, ni quien lo dude) se quedó paralizada. Se parece a esos camiones, llamados chimecos, que hacen un ruido espantoso, que echan mucho humo, pero no avanzan o lo hacen a paso de tortuga.
Parece que nos encontramos en una pasmosa mediocridad.
Posted: Octubre 7th, 2009
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Estuve un par de semanas de visita en uno de los países con mejor calidad de vida del planeta. Me desconecté de todo lo que pasara en el país y quizá en el mundo. En el avión leí El País y me enteré de que Brasil había ganado la sede olímpica. En el Twitter percibí la sempiterna depresión mexicana: ¿ya ven? Brasil es un gigante, una potencia, una promesa a punto de hacerse realidad… cosas así. Pensé que, en efecto, Brasil es más grande en México: lo es en territorio, en población, en alegría (esto es subjetivo), en belleza (esto es más subjetivo todavía), en pobreza y en desigualdad. Sus indicadores de desarrollo se elevan y decir que será uno de los pocos países en el mundo (no sólo en América) que creceré en esta temporada de crisis, es ya un dato revelador. Muy bien por ellos.
Pero pensé que la comparación con Brasil es facilona y, en el fondo, queda un rastro de esperanza: serán mejores ahora, pero México podría hacer bien las cosas y superarlo. No, señores, si de verdad quieren ver la miseria y el atraso mexicano, comparen este lindo, precioso, inigualable país con las verdaderas potencias o al menos con esos países donde la vida del ser humano ha encontrado otros derroteros. Y, claro, la comparación con Holanda que hice no hizo sino que resaltar mi percepción sobre la miseria de este país.
No se confundan: vivir esta existencia es igual de difícil aquí que allá. Pero allá la vida sí vale. En México la vida no vale nada. No es que sea más bonito o más lindo. No. La miseria a la que me refiero no tiene que ver ni siquiera con la pobreza (con la estrella de ser ciudadano de un país empobrecido, en cualquier viaje que hago encuentro a los miserables, que son, estos sí, ciudadanos del mundo). La miseria a la que me refiero es moral, ética, cívica. Al menos en esas áreas, México es un país mediocre y lo es porque le gusta serlo.
Posted: Octubre 6th, 2009
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