¿Anular o no anular?

Leo los argumentos de buenos y bien intencionados anulacionistas. Concuerdo con sus razones pero no con las conclusiones. Veamos:

Hasta aquí las quejas. Ahora algunos hechos:

En este último punto está la trampa (y la candidez) anulacionista: si usted vota en blanco, anula la papeleta o vota por el burro Filemón, su voto es considerado no válido. Es decir: no cuenta para elegir a su representante. Como “nulo” o “super barrio” o “AMLO” no son candidatos, no se toman en cuenta. El escrutador ni siquiera escribe el nombre de los “no registrados”, sólo escribe un número. Suma los votos a los candidatos y da a conocer el acta final. Si en su casilla van 100 a votar, 98 anulan su voto y dos votan por el Partido de la Corrupción, ese candidato lo representará a usted. Y como una regla democrática es que el perdedor acepta su derrota, usted padecerá tres años o seis al candidato electo del Partido de la Corrupción.

¿Y su regaño? ¿Y su enojo? ¿Y el calambre a la clase política? Nada: queda en el anecdotario. Usted, ciudadano preocupado, es considerado, por ley, como el que no fue o como el que sólo fue a pasar el tiempo (¿existirá alguien así?). Su voto en blanco sirvió para legitimar al candidato de la corrupción.

Así que, querido anulacionista, no se haga ilusiones: su voto de castigo servirá para preservar el status quo. Ni su banqueta será arreglada ni el semáforo funcionará el 6 de julio ni bajarán los secuestros ni seremos un mejor país cuando el voto nulo gane.

¿Qué hacer? Sencillo: así como están las reglas hoy, sólo deberá crear su partido, acceder a la Cámara de Diputados, cambiar la ley y todos felices. El voto nulo, así a secas, no sirve para nada más que para exorzisar frustaciones sociales. Pero México seguirá igual.

Al menos, digo yo, dése cuenta de eso, no vote, pero no me salga con razones cursilonas.

Posted: Junio 16th, 2009
Categories: Política
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