El blog de Luis Venegas

Pues eso…

¿Anular o no anular?

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Leo los argumentos de buenos y bien intencionados anulacionistas. Concuerdo con sus razones pero no con las conclusiones. Veamos:

  • A juzgar por los resultados de encuestas, los políticos son los personajes más desprestigiados de la sociedad mexicana. Un ciudadano confía más en un policía (y si es federal, todavía más) que en un diputado. Esto lo sabemos desde hace más de una década.
  • En cada proceso electoral, los políticos gastan cantidades indecentes de dinero (que es nuestro) en convencernos de que son dulces angelitos. Sus comerciales son, todos, más o menos idiotas, pero idiotas al fin.
  • Ya en el gobierno, la corrupción no distingue partido político o bandera ideológica: hay ladrones de derecha, izquierda, centro y todas sus combinaciones. Y si juzgamos sus resultados, es decir, si cumplen o no sus promesas, todos reprueban: México se envilece cada día más en su economía, seguridad y educación. En esos campos no somos mejores que la generación anterior.
  • El ciudadano promedio está harto de su clase política.

Hasta aquí las quejas. Ahora algunos hechos:

  • México es una república federal democrática. Esto quiere decir que los administradores del Estado acceden a sus puestos por elección popular y universal.
  • Según la jurisprudencia vigente, sólo los partidos pueden promover y presentar candidatos. Esto es una aberración, pero así dice la ley: los partidos son los tiranos que hacen lo que quieren con el Estado mexicano.
  • La democracia mexicana, una democracia representativa, no tiene ninguna regla para el quorum: gana quien obtenga más votos, sin importar cuántos voten. Así, en teoría, un candidato puede ganar por la decisión del único ciudadano que lo elija, es decir, que vote por él.
  • En la papeleta aparecen nombres de ciudadanos postulados por partidos. Al final, gana quien obtenga más votos válidos.

En este último punto está la trampa (y la candidez) anulacionista: si usted vota en blanco, anula la papeleta o vota por el burro Filemón, su voto es considerado no válido. Es decir: no cuenta para elegir a su representante. Como “nulo” o “super barrio” o “AMLO” no son candidatos, no se toman en cuenta. El escrutador ni siquiera escribe el nombre de los “no registrados”, sólo escribe un número. Suma los votos a los candidatos y da a conocer el acta final. Si en su casilla van 100 a votar, 98 anulan su voto y dos votan por el Partido de la Corrupción, ese candidato lo representará a usted. Y como una regla democrática es que el perdedor acepta su derrota, usted padecerá tres años o seis al candidato electo del Partido de la Corrupción.

¿Y su regaño? ¿Y su enojo? ¿Y el calambre a la clase política? Nada: queda en el anecdotario. Usted, ciudadano preocupado, es considerado, por ley, como el que no fue o como el que sólo fue a pasar el tiempo (¿existirá alguien así?). Su voto en blanco sirvió para legitimar al candidato de la corrupción.

Así que, querido anulacionista, no se haga ilusiones: su voto de castigo servirá para preservar el status quo. Ni su banqueta será arreglada ni el semáforo funcionará el 6 de julio ni bajarán los secuestros ni seremos un mejor país cuando el voto nulo gane.

¿Qué hacer? Sencillo: así como están las reglas hoy, sólo deberá crear su partido, acceder a la Cámara de Diputados, cambiar la ley y todos felices. El voto nulo, así a secas, no sirve para nada más que para exorzisar frustaciones sociales. Pero México seguirá igual.

Al menos, digo yo, dése cuenta de eso, no vote, pero no me salga con razones cursilonas.

Written by Luis Venegas

Junio 16th, 2009 at 8:21 pm

Posted in Política

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